A Sense of History

Estos campos, inmensa sinfonía en sangre reseca, sin árboles, sin matices de frescura, sin ningún descanso al cerebro, llenos de oraciones supersticiosas, de hierros quebrados, de pueblos enigmáticos, de hombres mustios, productos penosos de la raza colosal y de sombras augustas y crueles… Por todas partes hay angustia, aridez, pobreza y fuerza… y pasar campos y campos, todos rojos, todos amasados con una sangre que tiene de Abel y Caín… En medio de estos campos las ciudades rojas apenas si se ven. Ciudades llenas de encantos melancólicos, de recuerdos de amores trágicos, de vidas de reinas perpetuamente esperando al esposo que lucha con la cruz en el pecho, de recuerdos de cabalgatas funerales en donde al miedo de las antorchas se veía la descompuesta cara del santo mártir que llevaban a enterrar huyendo de la profanación mora, de pisadas de caballos fuertes y de sombras fatídicas de ahorcados, de milagros frailunos, de aparecidos blancos en pena de oraciones que al sonar las doce salieran de los campanarios apartando a las lechuzas para rogar a los vivos misericordia para su alma, de voces de reyes crueles y de angustiantes responsos de la Inquisición al chirriar las carnes quemadas de algún astrólogo hereje. Toda la España pasada y casi la presente se respira en las augustas y solemnísimas ciudades de Castilla…

(Federico García Lorca: Impresiones y paisajes)

Seville harbour – only a few hundred yards of dock set on the banks of a slow river, fifty miles from the sea, yet once the greatest harbour in the world, and still, in the legends of man, the most important. Columbus, Pizarro and Fernando Magellan, the Santa María and the little Vitoria – from here they sailed to find a new world, or to be the first in all history to encircle the globe.

(Laurie Lee: A Rose for the Winter)

Fear in a handful of dust. Stillness and sun-petrified ruins. Here lay the ancient city, running north and south, overlooking the sea and the memory of its ships. Here, then, was all that was left of great Selinus, called rich and powerful by Thucydides, with silver and gold in its temples and a treasury of its own at the shrine in Olympia. One of those sad disputes, with which the Greeks destroyed their promised land of Sicily, destroyed this city. In 409 B.C. Hannibal and the Carthaginian army razed the walls of Selinus to the ground. Selinus, ‘City of the Wild Celery’ (and we had passed wild celery as we climbed the headland), was extinct by Strabo’s time. It had been a monument to the vanity of human wishes even when the Roman galleys swept past that bright bay…
“More final than Pompeii.”

(Ernle Bradford: The Wind Off the Island)

…bañaba todos los días mi vista en la visión eterna de la mar, de la mar eterna, de la mar que vio nacer y verá morir la historia, de la mar que guarda la misma sonrisa con que acogió el alba del linaje humano, la misma sonrisa con que contemplará su ocaso.

Porque Gredos es lo eterno; Gredos vio a los iberos llegar a España, y vio a los romanos, y a los godos, y a los árabes, y verá acaso pasar a otros bárbaros; Gredos vio morir, en uno de sus repliegues, al emperador Carlos V.

…la mar que se ha olvidado de las carabelas de Colón.

(Miguel de Unamuno: ¡Montaña, desierto, mar!)

¡La Reconquista! ¡Cosas tuvieron nuestros Cides que han hecho hablar a las piedras¡ ¡Y cómo nos hablan las piedras sagradas des estos páramos! Reconquistado su suelo, Castilla, que había estado de pie, se acostó a soñar en éxtasis, en arrobo sosegado, cara al Señor eterno.

¡Medinaceli! El arco romano, imperial, mirando con ojos que son pura luz al paisaje planetario de aquellas tierras tan tristes…

(Miguel de Unamuno: Por las tierras del Cid)

Y en brazos estremecidos del Tajo va a pasar este arroyo de Goya [el Manzanares] por la hoz del río de la imperial Toledo, la del Greco, del río que sacaba fuera el pecho en tiempos de Don Rodrigo. Ye se enlazan dos tragedias, pues también el Manzanares, el que oyó los fusilamientos del 2 de mayo de 1808, el que vio brotar en sus orillas los trágicos caprichos goyescos, cuando corría con fuego, sintió la tragedia de la vida. Y el Tajo lo lleva en sus brazos estremecidos a dejarlo al pie de Lisboa, en la mar de los conquistadores de Indias.

(Miguel de Unamuno: Orillas del Manzanares)

Escúrrese el Guadiana al pie de las ruinas romanas de Mérida, y queda lo que se escurre, lo que pasa; queda la historia.

(Miguel de Unamuno: La invasión de los bárbaros)