Tierra de Gigantes

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O los molinos de Don Quijote

Nada excepcional

El artículo de Lonely Planet sobre el pueblo manchego Campo de Criptana dice:

Una de las paradas más populares en la ruta de Don Quijote, Campo de Criptana está coronado por 10 molinos de viento visibles desde kilómetros. El respetado cineasta contemporáneo Pedro Almodóvar¹ nació aquí, pero se fue a Madrid en su adolescencia. El pueblo es agradable, aunque nada excepcional.

De hecho, la frase nada excepcional ni siquiera comienza a describir el pueblo si llegas por tren (Campo de Criptana está en la línea principal de Madrid a Albacete, la capital de Castilla-La Mancha). Feísimo podría ser una mejor descripción: como en muchas ciudades españolas, la estación de tren está en las afueras, en este caso rodeada de edificios industriales poco atractivo. Afortunadamente, Campo de Criptana es un lugar pequeño y quince minutos a pie te llevará al centro de la ciudad.

Lo que es nada excepcional.

Statue of Cervantes, Campo de Criptana

Pero la verdad es que no quieres el centro de la ciudad. Eres un lector, un lector de Don Quijote además, y lo que quieres son los famosos molinos de viento, los gigantes con los que luchó Don Quijote. Diríjase cuesta arriba desde la Plaza Mayor con su obligatoria estatua de Cervantes, a través del Albaícin, el antiguo barrio morisco, caminando por los estrechos callejones adoquinados, entre casas encaladas y bordeadas de azul añil … ya suena mejor, ¿no? Ahí. Al doblar la esquina, ves tu primer molino de viento. Y hay nueve más por venir.

 


Molinero y ladrón

Molinero y ladrón, dos cosas suenan y una son.

En 1752, el censo del Marqués de la Ensenada registraba treinta y cuatro molinos de viento aquí; un estudio anterior, las Relaciones Topográficas de Felipe II (1575) menciona – en forma algo más vaga – “muchos molinos”.

 

La gente vino aquí de todo el vecindario para tener harina. Para los molineros, para el pueblo, eso significó la riqueza. Uno de los molinos del siglo XVI se llama El Burleta, corrompido de Burlapobres, un nombre que probablemente hace alusión a la proverbial falta de honradez del molinero.

La Sierra de los Molinos aún cuenta con tres molinos originales del siglo XVI; los que vio Cervantes, los que don Quijote tomó por gigantes. Por sólo dos euros puedes entrar uno de ellos y una guía te explicará la maquinaria que se encuentra dentro. Aún es maquinaria de trabajo: el primer domingo de cada mes los molinos están equipados con aspas y muelen trigo. Los otros siete molinos de viento son construcciones más modernas, si bien es cierto que son reconstruidas de las piedras originales. La oficina de turismo se encuentra en una de ellas.

Tierra de gigantes

Tierra de gigantes

La colina de los molinos es pequeña. Apenas merece el nombre de cerro, de verdad. Pero cuando llegas a la cima y miras a tu alrededor, te sientes como si estuvieras en la cima del mundo. Esta es la famosa meseta española, la meseta castellana, con su tierra roja sobre el que cantó Federico García Lorca y su vacío absoluto bajo un cielo estupendo.

Estos campos, inmensa sinfonía en sangre reseca, sin árboles, sin matices de frescura, sin ningún descanso al cerebro, llenos de oraciones supersticiosas, de hierros quebrados, de pueblos enigmáticos…

(Federico García Lorca: Impresiones y paisajes)

Las ruinas de un granero, Campo de Criptana, Castilla-La Mancha

No hay donde esconderse aquí. Estás expuesto a los elementos, a los ojos errantes de tus semejantes y a tu Dios, si es que tienes uno.

El paisaje de La Mancha salpicado de molinos de viento no está más rigurosamente dividido en cielo y tierra que el pólder holandés. Es una división extrema, no mitigada por las tentaciones, los valles, los rincones románticos. En la mayoría de la meseta es tan difícil para un hombre ocultarse como en las llanuras de los Países Bajos. Un hombre siempre es visible entre el cielo y la tierra, recortada contra el cielo…

(Cees Nooteboom: El desvío a Santiago)

Las nubes negras empiezan a llegar; las puedes ver desde muy lejos. Dos ciclistas aparecen como siluetas austeras contra el cielo vacío. Hay cuatro molinos de viento en una colina distante, cerca de Alcazár de San Juan. Caminando, puedes encontrar las ruinas de los antiguos graneros. Puedes ver algunos olivares. El Toboso, el hogar de Dulcinea, está a unos 20 km al noreste. Oyes el estruendo de dos aviones de combate que vuelen sobre la tierra en una altitud muy baja.

La verdad es que no hay nada aquí, aparte de los molinos de viento, el cielo y la tierra roja de la meseta árida, azotado por el viento. Pero si caminas por la meseta lo suficiente y miras hacia atrás, los molinos de viento parecen gigantes. Con un poquito de imaginación.

Es que eres en la tierra de Don Quijote.

 

En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo, y así como don Quijote los vio, dijo a su escudero:
—La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertamos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o pocos más desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer, que esta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.
—¿Qué gigantes?—dijo Sancho Panza.
—Aquellos que allí ves —respondió su amo— de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas.
—Mire vuestra merced —respondió Sancho— que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino.
—Bien parece—respondió don Quijote—que no estás cursado en esto de las aventuras: ellos son gigantes; y si tienes miedo quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que you voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla.
Y diciendo esto, dio de espuelas a su caballo Rocinante, sin atender a las voces que su escudero Sancho le daba, advirtiéndole que sin duda alguna eran molinos de viento, y no gigantes, aquellos que iba a acometer. Pero él iba tan puesto en que eran gigantes, que ni oía las voces de su escudero Sancho, ni echaba de ver, aunque estaba ya bien cerca, lo que eran, antes iba diciendo en voces altas:
—Non fuyades, cobardes y viles criaturas, que un solo caballero es el que os acomete.
Levantose en esto un poco de viento, y las grandes aspas comenzaron a moverse, lo cual visto por don Quijote, dijo:
—Pues aunque mováis más brazos que los del gigante Briareo, me lo habéis de pagar.
Y diciendo esto, y encomendándose de todo corazón a su señora Dulcinea, pidiéndole que en tal trance le socorriese, bien cubierto de su rodela, con la lanza en el ristre, arremetió a todo el galope de Rocinante y embistió con el primero molino que estaba delante; y  dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia, que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo.
—¡Válame Dios!—dijo Sancho—.¿No le dije yo a vuestra merced que mirase bien lo que hacía, que no eran sino molinos de viento, y no podría ignorar sino quien llevase otros tales en la cabeza?

(Miguel de Cervantes Saavedra: El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha)

Notas:
¹ Si se cree Wikipedia (y ¿por qué no?), Almodóvar nació en Calzada de Calatrava. Sólo cosa de 100 kilómetros!

Quizás también te gusta:Don Quixote (en inglés en el Project Gutenberg)
⇒ Campo de Criptana (por Lonely Planet)
⇒ Cees Nooteboom: El desvío a Santiago 
⇒ Federico García Lorca: Impresiones y paisajes

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