El Samurai

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…y el sacerdote

Porque El samurai, esta novela por el autor japonés, Shusaku Endo, tiene de hecho dos protagonistas, aunque el título sólo menciona uno. Dos personajes principales en paralelo: unidos en el propósito pero, al mismo tiempo, con un marcado contraste entre los dos.

El propósito que une el samurai Rokuemon Hasekura y el padre Velasco es negociar privilegios comerciales con Nueva España para los japoneses a cambio de que los misioneros europeos puedan predicar al cristianismo en Japón. Lo que los separa es… pues todo los demás, empezando con sus razones para participar en la embajada. El año es 1613, y el caudillo Tokugawa Ieyasu acabó unificar Japón bajo su propio mando.

¿Y la recompensa para los dos protagonistas después de un viaje arduo cruzando dos océanos? El samurai espera que recobre sus tierras solariegas; el sacerdote sueña de hacerse el primer obispo de Japón. Pero sus Señorías sólo les conceden sus deseos si consiguen la misión …  ¿pueden hacerlo?


La embajada Keicho

Endo basó su novela en hechos firmes. La llamada embajada Keicho (la era Keicho en Japón duró de 1596 a 1615) salió para Nueva España en 1613 bajo el líderazgo de Rokuemon Hasekura, un samurai en el servicio del daimyo Date Masamune, con permiso de Tokugawa Ieyasu, el gobernante de facto de Japón.

Hasekura and Luis Sotelo in discussion in the Palazzo Quirinale, Rome / Hasekura y Luis Sotelo en discusión en el Palazzo Quirinale, Roma. [Public domain via Wikimedia Commons]
Aprovechando de la ayuda de marineros españoles, los japoneses construyeron un galeón, el Date Maru (la tripulación española lo llamó San Juan Bautista) que zarpó del pueblo de Tsukinoura. Hasekura viajó a Acapulco, y cruzando México vía la ciudad de México, salió de Veracruz para navegar a Europa. Llegó a España al final de 1614, después de una parada en La Habana. Mientras estaba en Madrid, Hasekura fue bautizado y recibido por el rey, Felipe III. Finalmente, siguió viajando al Vaticano, donde el papa le concedió audiencia. Regresó a Japón por la misma ruta, llegando a casa en 1620. Además de sus compañeros japoneses – unos samurais y criados – Hasekura fue acompañado por el misionero franciscano Luis Sotelo, en la calidad de intérprete.

Endo tomó estos hechos básicos y los ha transformado en una historia algo mucho más de una sencilla narrativa de un viaje histórico. Creó una novela sobre el deber, la ambición, la religión y la indefensión humna en medio de circunstancias que no podemos controlar.

El Samurai

Una vez más el samurái tuvo la sensación de que, iniciando ese viaje, desafiaba a su propio destino. Cuando sólo conocía su llanura, jamás había imaginado que pudiera existir otra vida. Pero ahora comprendía que había cambiado. La llanura, su tío, las tediosas quejas de su tío junto al hogar, las órdenes del Consejo de Ancianos…; por primera vez desde que partieran de Ciudad de México, el samurái sentía el deseo de rebelarse contra aquellos inflexibles hechos del destino que se le habían impuesto.

Hasekura in Rome by Claude Deruet (1615). [Public domain via Wikimedia Commons.]
El Hasekura de la novella es un samurai de rango menor, casi tan pobre como los campesinos de los tres pueblos en su feudo de la llanura. Es un hombre de pocas palabras, pero de reflexiones profundas; carece toda ambición, se consciente de su deber, es una persona de confianza. La primera vez que lo encontramos, está trabajando juntos con sus vasallos, recogiendo leña, llevando el mismo tipo de ropa como ellos. Vive en un mundo pequeño y encerrado, que no cambia nunca de una generación a la siguiente.

A la familia Hasekura los han quitado sus tierras fertiles y esta misión inesperada sin explicaciones, esta misión de servir como embajador en países lejanas es, para el samurai, la oportunidad para ganar sus tierras de nuevo. Sale en la misión no porque quiera o porque entiende las razones para ella; sale, sencillamente, porque lo han ordenado hacerlo. Es un hombre muy de su clase y de su tiempo: la deber y la lealtad a su señor feudal lo guían en todo lo que hace. Ni demanda, ni espera explicaciones, y aunque no es ningún estúpido, no tiene ni la menor idea de la realidad de la política que gobierna las acciones de su señor. Persevera intentando cumplir su deber lo mejor que pueda, teniendo confianza en la buena voluntad de su señor para recompensarlo al final.

El sacerdote

Oh, Señor, ¿han sido reprochables mis acciones? He pronunciado esas mentiras y he planeado estas estratagemas para que algún día se eleven en el Japón himnos alabando Tu nombre y para que allí crezcan en profusión las flores de la fe…

Padre Velasco – el personaje que se inspiró en Luis Sotelo – es una antítesis del samurai. Un descendiente de una familia influyente en Sevilla, con la sangre de conquistadores y cardenales en sus venas, abandonó la ambición mundana – a cambio de la ambición religiosa. Quiere nada menos que hacer Japón en un país del Dios, su Dios, por supuesto y haciéndose su obispo en el proceso. Un hombre de talento y de ambición, que utiliza su habilidad considerable de persuasión, se aprovecha de la situación política, y está intrigando e incluso engañando otros, si este servirá su propósito.

No es que Velasco es un hombre tan malo: su fe es sincera, pero su ambición lo impide ver a la falsedad de su posición. Los franciscanos, después de todo, son una orden mendicante, dedicados a la pobreza, predicar la palabra de Dios y ocuparse de la gente necesitada. Pero Velasco ha perdido de vista estas ideas hace un rato. Su atención entera enfoca en la ambición de convertirse el primer obispo de Japón. Crea que se está ocupando con el trabajo de Dios; repetidamente se compara con Cristo y sus apóstoles. Los antiguos griegos tenían una palabra para eso: hubris. Lo que gobierna las acciones de Velasco no es piedad, sino hubris, orgullo. Pero si él intenta acercarse a Cristo, tiene que conquistar su ambición y su orgullo.

En paralelo

Endo ha escrito un libro que abunda en paralelos. Del punto de vista de un católico japonés, poco común, examina el paralelo fascinante entre los dos personajes principales, detallando a la vez el desarrollo del viaje físico y espiritual que tienen que cumplir. ¿Va a conquistar el padre Velasco su ambición y volverse un verdadero sirviente de su Dios? ¿Va a cambiar los ideas y carácter de Hasekura en consecuencia de su viaje?

No son sólo los protagonistas que nos ha presentado Endo en esta manera, uno al lado del otro. Los imágenes de la llanura de invierno en Japón se contrasta con el calor blanco de México y los campanarios alzando el cielo en Roma; la ambición interesada de Velasco con el sentido de deber de Hasekura; la figura escuálida de Cristo en las cruces de madera en habitaciones blanqueadas con la pompa y solemnidad del Vaticano. Los propósitos de Velasco chocan con los propósitos de los demás embajadores. Los gobernantes de Japón tienen tantas ganas de conceder permiso para proselitismo que de perseguir cristianos actuales. Y Europa no es menos dividido: los franciscanos se oponen a los jesuitas y los jesuitas a los franciscanos; los protestantes, por supuesto, se oponen a ambos.

En este momento de la historia Japón justo está a punto de elegir entre el aislamiento o abrirse al mundo… Y los hombres atrapados en este momento histórico hay que tomar sus propias decisiones también.

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⇒ Leer El samurai online aquí

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